domingo, 6 de febrero de 2011

Drogas, alcohol y mentiras

El hombre que negó tantas veces a su hija y que llegó a decir que no había tenido nada que ver con su madre, y que luego admitió que había mentido, en un intento por reducir el costo político del escándalo; el que dijo que fue secuestrado en una hostal por unas mujeres y dopado hasta anular sus facultades, cuando la versión de los testigos (hoteleros, policías y prostitutas), fue que participaba de una interminable juerga; acaba de decir en el programa de Rosa María Palacios que nunca consumió drogas.

No que ya no lo hace (Clinton admitió ese consumo y Susana Villarán lo hizo durante la campaña de las municipales), sino que jamás se drogó, aún cuando exista por ahí un certificado del laboratorio de la Clínica San Pablo del 16 de octubre de 1999, a nombre del ciudadano Alejandro Toledo Manrique que arroja positivo para “egomina netilester” (cocaína/PBC), que algunos pueden considerar un refrito, pero que a la luz de las últimas declaraciones lo que confirma es su increíble capacidad para mentir.

Porque aquí el único que está bajo sospecha de diversas adicciones es Alejandro Toledo, y sus respuestas en la televisión no hacen sino acrecentar las zonas oscuras de su vida personal. De Toledo hay historias en abundancia que sus rivales políticos utilizan cuando quieren callarlo: el avión parrandero, la borrachera en el Brisas del Titicaca, los escándalos de Punta Sal, la mujer que quisieron violar en una orgía en Jesús María, las facturas de licores de Palacio de Gobierno en el período 2001-2006. Y hay otras más sórdidas y secretas, como la que me contó una ex alta funcionaria de ese régimen que afirma que el presidente borracho se le abalanzó encima y que tuvo que salir corriendo de Palacio; o la de la posición en que lo encontraron en el Hotel Sheraton cuando fueron a buscarlo para que saliera a saludar su victoria.

Las hay hasta graciosas como la famosa consulta a Johnny Walker para salir a la calle el 9 de abril del 2000, que finalmente cambió la historia; o la pelea en el restaurante Rafael en Miraflores, en junio del 2001, cuando Toledo empezó a mentarle en público la madre a Baruch Ivcher, mientras Jimmy Arteaga hablaba con él, que se encontraba en Israel, por el teléfono móvil.

NO OLVIDAR QUE EL SOBRINÌSIMO DE TOLEDO VIOLÒ A UNA MENOR
Y NO FUE SENTENCIADO, COLUSION DEL PODER JUDICIAL

Claro que si Rosa María Palacios le hubiera preguntado por su afición a las bebidas fuertes, también lo hubiera negado y hubiera hablado de la guerra sucia y del circo de los otros. Y saldrían además sus escuderos de turno para decir que cada hecho de esos no era verdad, como no era verdad que Zaraí fuera su hija, o que las firmas de su inscripción fueran falsificadas, o que el título que obtuvo en Estados Unidos nunca fue de economista, sino de educador, etc.

El problema, por supuesto, es que detrás del rosario de mentiras hay una personalidad distorsionada, que entiende que por el poder todo vale. Entonces cuando nos reclama discutir sus propuestas (varias de las cuales se las apropiado de los nacionalistas, a los que busca robarles el espacio), tenemos que preguntar si también esas propuestas están inoculadas de mitomanía, ya que de muchos de los temas de los que habla ahora no hizo nada cuando era presidente y tenía todo el poder.




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